Probablemente los signos de fuego sean los más ingenuos de todos los signos; en estricto orden de llegada (aries, leo, sagitario). La razón es que el fuego -el deseo- que portan les obliga a percibir el mundo desde un lugar de inevitable autoreferencia, obviando el aprendizaje que llega a través del tiempo y de su materialización. Su talento, diría Carutti, es su mismo detrimento. Son capaces de inspirar y jalar a otros a través de la intensidad de su experiencia subjetiva pero esta subjetividad constituye su misma prisión perceptiva. Esta prisión es algo que comparten todos los signos pero su cualidad depende de la percepción -"y creación"- con la que construyen el mundo y son construídos por el mundo.En el caso de los signos en fuego, el deseo se adhiere y conforma su ego haciendo que brille, pero también cegándoles ante otras visiones y compresiones de una realidad que es siempre inacabada porque es siempre construída. Su grado de flexibilidad para albergar e integrar otras visiones de la realidad se afloja según este fuego se va consumiendo en si mismo, haciendo que el ego pueda dejar paso y asimilar el trasfondo de su propia identidad trascendente, es decir, intersubjetiva. Este es el proceso que Jung, un Leo, definió con el nombre de individuación.
Un espacio para reflexionar y debatir sobre astros, sueños, mitos, arquetipos y... todo lo demás.
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lunes, 11 de enero de 2016
martes, 5 de mayo de 2015
Espacio, por fin
Imagen: A.S
Todo el movimiento psicpogenealógico de Hellinger y sus desarrollos posteriores, es completamente Cáncer, sin dejar el menor resquicio para el desarrollo de la conciencia leonina, y todo lo que viene después.
Somos un fruto del árbol familiar, constreñidos por mandatos inconscientes contra los que nada podemos.Todo el movimiento psicpogenealógico de Hellinger y sus desarrollos posteriores, es completamente Cáncer, sin dejar el menor resquicio para el desarrollo de la conciencia leonina, y todo lo que viene después.
Una filosofía... asfixiante.
No es extraño que un amanecer cualquiera, el Yo anhelante de libertad se levante con sigilo, deje a la tribu durmiendo, atraviese el cercado de la aldea y salga a un mundo ajeno, pero abierto, a la vez deseado y temido.
¡Espacio! ¡Espacio para respirar, por fin!
jueves, 9 de abril de 2015
Signos y patologías
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| Los Caballeros del Zodiaco, o Saint Seya, de Masami Kurumada |
La dificultad de integrar el poder y la pureza del arquetipo dentro del psiquismo humano aumenta conforme avanzamos en la complejidad de los signos. Esto crea una patología que podría definirse como caracteriológica, y que se va a identificar con los niveles mas bajos de lo que Carutti llama el cilindro de energía de cada signo.
Así, las patologías crecen también en complejidad según el signo al que pertenezcan. La impulsividad en Aries, la posesividad de Tauro, y la hiperactividad de Géminis dan lugar a la simbiosis o la dependencia de cáncer, al narcisismo de Leo, y la obsesividad de Virgo. A su vez, estas conforman la histeria de Libra, la perversión de Escorpio, y el dogmatismo de Sagitario. Estos desembocarán en la superyoización de Capricornio, en la marginalidad de Acuario y la desubicación y el escapismo de Piscis.
Y vuelta a empezar porque en el Zodiaco todo es circular y una energía sólo se transforma en otra en ciclos de complejidad creciente.
Y vuelta a empezar porque en el Zodiaco todo es circular y una energía sólo se transforma en otra en ciclos de complejidad creciente.
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Zodiaco y niveles de Identidad.
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| Anelle 2012 |
Siguiendo el Zodiaco, la primera forma de identidad que surge es el nosotros en Cáncer, luego el yo en Leo, y luego el otro, el tú en Libra. Lo Otro, que es ya intuído y sentido en Virgo, no en el sentido comunitario, sino como abstracción objetiva, llega con Capricornio, pero para eso ha sido necesario bajar hasta las profundidades de Escorpio e integrar la sombra colectiva, y también, haber expandido la conciencia con Sagitario y unificado identidades a través de un criterio global y universal.
Desde este punto de vista, el grado de identidad capricorniana es sumamente evolucionada, porque a través de su vaciamiento, de su impersonalización, abre la puerta al reino de lo transpersonal en el que se sumerge la identidad psicológica de Acuario y Piscis. En Acuario hay una especie de nosotros elegido, posterior y no anterior a la diferenciacíón de un yo, como había en Cáncer. Este Nosotros es un movimiento nuevo que tiene la facultad de que identidades individuadas y discriminadas elijan colaborar libremente respetando la cualidad y el ritmo de su propia auto-expresión. Un lugar en el que la singularidad y la colaboración coexisten.
Esto es la casa XI, que desde un punto de vista organizativo, constituye el ideal o el punto máximo de respeto y de sinergia entre todas las identidades. Aunque -Wilber dicreparía en este punto- el primer encuentro del yo psicológico con lo transpersonal se produce realmente en Escorpio, a través de una fractura y de una inmersión brutal y súbita, tanto en los reinos prepersonales, como transpersonales de la psique.
En Piscis la identidad se reabsorbe y se disuelve, de nuevo, para comenzar un nuevo ciclo, así que de la conciencia de la identidad de Piscis poco o nada puede decirse. Podríamos hablar de Conciencia Cósmica o Universal, pero decir esto también es arbitrario, ya que Piscis se experimenta fundamentalmente como una disolución de todas las formas en todas las formas, en el que ninguna identidad es ya posible. Para que haya cualquier tipo de identidad ha de haber algún tipo, por sutil que este sea, de forma o de diferenciación. En el fondo arquetípico de Piscis no existe nada de esto. Hay Pralaya: Disolución. O Absorción, según se mire.
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Leo y Libra frente al otro
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| La Dame a la Licorne, museo de Cluny |
Leo utiliza al otro en el sentido de que necesita la resonancia que su propia irradiación causa en el otro para confirmar y preservar el descubrimiento de su propia identidad. En este sentido es dependiente, porque necesita diferenciarse de la identidad colectiva que nace con Cáncer y para esto necesita del otro.
Pero el reconocimiento objetivo del otro como identidad separada de mí, como elemento constitutivo por derecho propio, que no está allí para satisfacer mis necesidades, sino con el que es necesario hacer acuerdos y negociar, sólo llega con Libra.
La primera vez que el otro aparece definido claramente con sus propios límites separado de la definición que me dan mis propios límites, sucede en Libra, y con la discriminación de estos límites (los míos y los del otro) aparece por primera vez en el Zodiaco la posibilidad de una verdadera relación entre identidades autónomas.
miércoles, 8 de abril de 2015
Carutti sobre la correspondencia astrológica del psiquismo humano
Carutti: "Todo psiquismo humano tiene una correspondencia con Cáncer y con Leo...(...).
Lo que aparece en Virgo es la noción de que hay un orden infinitamente más amplio y que excede completamente a lo humano....(...).
En todos los signos a partir de Virgo habrá un punto de tensión muy grande representado por el conflicto de ver cómo se acomoda la psicología individual a una energía que está hablando de algo que está más allá de lo humano".
EL Zodiaco como círculo de energía
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| Autor no especificado |
Si el movimiento natural de Cáncer no fuera proteger y nutrir a través de la exclusión y la construcción de un límite para diferenciar lo que queda dentro de lo que queda fuera, la identidad como resultado de la aparición de la forma no habría aparecido en el Zodiaco y la energía de Leo jamás podría llegar a manifestarse porque no tendría nada de lo que diferenciarse.
Lo mismo podría decirse de cualquier signo anterior o posterior a otro. El Zodiaco es un círculo eterno de energía en el que el potencial de una forma llega a su fin y da necesariamente paso a otra. El orden de transformación de esta energía sigue siempre los ritmos que describe Carutti, pero las combinaciones entre sus pulsos son literalmente, infinitas. De ahí la riqueza inagotable y siempre nueva del lenguaje y la interpretación astrológicos.
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