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jueves, 9 de abril de 2015

Libra y la captación de la armonia



Una cosa es la comprensión intelectual de la interdependencia,  que empieza a producirse en Virgo,  y otra es su experiencia corporal y estética, que se produce ya completamente en Libra. En Cáncer el círculo se cierra para crear vínculos de dependencia que aportan identidad. En Libra la piedra de la esfinge contemplativa virginiana se rompe porque ya no hay necesidad de un límite para separar un mundo interno del externo.

Libra experimenta un estar abierto y receptivo a la armonía con las que todas las cosas se complementan y ya no necesita separarse de ellas. Fluye con ellas, aunque de una forma liviana y mental porque su identidad, como todos los signos de aire, descansa en las relaciones, en lo vincular.

Según Carutti, en Libra se produce por primera vez en el Zodiaco la experiencia de ver y experimentar al otro en cuanto a otro. Lo que Virgo ya intuye, lo que está más allá del yo, en la energia de Libra se experimenta espontáneamente. El tema psicológico de Libra va a ser "aprender a convivir con la experiencia efímera de este equilibrio, porque el tiempo en el que en la naturaleza está en equilibrio siempre es efímero porque es un equilibrio dinámico". 

Para mantener el contacto con este equilibrio dinámico, Libra necesita moverse siempre de una forma liviana, como una mariposa, incapaz de posarse demasiado tiempo en ningún extremo, en ningún punto de vista.

Libra y el deseo

Rita Hayworth, sol en libra, venus  conj AC en libra.

Según Carutti, el movimiento de seducción de Libra es de origen psicológico y no energético, ya que esta seducción corresponde a una necesidad de obtener identidad a través del otro. Para esto, "Libra capta inconscientemente el deseo de los otros, y está siempre atento para responder a él".


Para reconocer su propio deseo, Libra necesita sentir el deseo del otro. De ahí que su patología psicológica sea la histeria, "porque es alguien que está constantemente seduciendo, provocando deseo, atento al deseo de los demás, sin saber lo que quiere".

Signos y patologías



Los Caballeros del Zodiaco, o Saint Seya, de Masami Kurumada


La dificultad de integrar el poder y la pureza del arquetipo dentro del psiquismo humano aumenta conforme avanzamos en la complejidad de los signos. Esto crea una patología que podría definirse como caracteriológica, y que se va a identificar con los niveles mas bajos de lo que Carutti llama el cilindro de energía de cada signo. 

Así, las patologías crecen también en complejidad según el signo al que pertenezcan. La impulsividad en Aries, la posesividad de Tauro, y la hiperactividad de Géminis dan lugar a la simbiosis o la dependencia de cáncer, al narcisismo de Leo, y la obsesividad de Virgo. A su vez, estas conforman la histeria de Libra, la perversión de Escorpio, y el dogmatismo de Sagitario. Estos desembocarán en la superyoización de Capricornio, en la marginalidad de Acuario y la desubicación y el escapismo de Piscis. 

Y vuelta a empezar porque en el Zodiaco todo es circular y una energía sólo se transforma en otra en ciclos de complejidad creciente.



Zodiaco y niveles de Identidad.


Anelle 2012

Siguiendo el Zodiaco, la primera forma de identidad que surge es el nosotros en Cáncer, luego el yo en Leo, y luego el otro, el tú en Libra. Lo Otro, que es ya intuído y sentido en Virgo, no en el sentido comunitario, sino como abstracción objetiva, llega con Capricornio, pero para eso ha sido necesario bajar hasta las profundidades de Escorpio e integrar la sombra colectiva, y también, haber expandido la conciencia con Sagitario y unificado identidades a través de un criterio global y universal. 

Desde este punto de vista, el grado de identidad capricorniana es sumamente evolucionada, porque a través de su vaciamiento, de su impersonalización, abre la puerta al reino de lo transpersonal en el que se sumerge la identidad psicológica de Acuario y Piscis. En Acuario hay una especie de nosotros elegido, posterior y no anterior a la diferenciacíón de un yo, como había en Cáncer. Este Nosotros es un movimiento nuevo que tiene la facultad de que identidades individuadas y discriminadas elijan colaborar libremente respetando la cualidad y el ritmo de su propia auto-expresión. Un lugar en el que la singularidad y la colaboración coexisten. 

Esto es la casa XI, que desde un punto de vista organizativo, constituye el ideal o el punto máximo de respeto y de sinergia entre todas las identidades. Aunque -Wilber dicreparía en este punto- el primer encuentro del yo psicológico con lo transpersonal se produce realmente en Escorpio, a través de una fractura y de una inmersión brutal y súbita, tanto en los reinos prepersonales, como transpersonales de la psique. 

En Piscis la identidad se reabsorbe y se disuelve, de nuevo, para comenzar un nuevo ciclo, así que de la conciencia de la identidad de Piscis poco o nada puede decirse. Podríamos hablar de Conciencia Cósmica o Universal, pero decir esto también es arbitrario, ya que Piscis se experimenta fundamentalmente como una disolución de todas las formas en todas las formas, en el que ninguna identidad es ya posible. Para que haya cualquier tipo de identidad ha de haber algún tipo, por sutil que este sea, de forma o de diferenciación. En el fondo arquetípico de Piscis no existe nada de esto. Hay Pralaya: Disolución. O Absorción, según se mire.

China y Libra



Montañas Guilin, China

Según Carutti, , en concepto del ying/yang, el Tao-Te-King, el I-Ching , y toda la filosofía y la cultura china es Libra de principio a fin. Concuerdo.

Leo y Libra frente al otro



La Dame a la Licorne, museo de Cluny

Leo utiliza al otro en el sentido de que necesita la resonancia que su propia irradiación causa en el otro para confirmar y preservar el descubrimiento de su propia identidad. En este sentido es dependiente, porque necesita diferenciarse de la identidad colectiva que nace con Cáncer y para esto necesita del otro. 
Pero el reconocimiento objetivo del otro como identidad separada de mí, como elemento constitutivo por derecho propio, que no está allí para satisfacer mis necesidades, sino con el que es necesario hacer acuerdos y negociar, sólo llega con Libra. 
La primera vez que el otro aparece definido claramente con sus propios límites separado de la definición que me dan mis propios límites, sucede en Libra, y con la discriminación de estos límites (los míos y los del otro) aparece por primera vez en el Zodiaco la posibilidad de una verdadera relación entre identidades autónomas.