El concepto de Luna de Carutti podrìa asimilarse al complejo materno jungiano, ese lugar interior, a la vez refugio y prisión, que otras corrientes llaman zona de comodidad, y cuya acolchada calidez nos adormece, nos convierte en postergadores indefinidos y, en definitiva, nos impide crecer y desarrollar nuestro potencial.
Ni que decir tiene que ese aspecto de la Luna es real. Pero se trata sólo de uno de los muchos rostros de la Diosa Blanca.
Hablaremos de los demás en otro momento.