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miércoles, 22 de abril de 2015

Sobre la arbitrariedad en la astrologia




Una de las cosas que hacen que la astrología no termine de tomarse en serio es su arbitrariedad. Es decir, el uso arbitrario que hace de sus criterios para homogeneizar significados y significantes que entran ya en el ámbito de las leyes de la correspondencia y la sincronicidad, y que por definición, no pueden ser y se resisten en ser homogeneizados. En su intento por homogeneizar interpretaciones y contenidos para resultar mas convincente, más científica,  la astrología se ridiculiza porque pierde en contacto con las fuentes mas íntimas y complejas de su sabiduría, y acaba cayendo en lo arbitrario  de las inclinaciones subjetivas del propio psiquismo del astrólogo.
La sabiduría de la Astrología, como cualquier otro tipo de saber esotérico, radica en comprender que se encuentra en el ámbito de un espacio y un lenguaje sagrado, y que la carta natal a levantar es siempre una configuración única e irrepetible en el universo, que sigue leyes universales pero que se manifiestan a través de una forma que no volverá a repetirse. Cada matriz zodiacal es un diseño, una manifestación del misterio creador  rica,  profunda y única,  pero cierto uso de la astrología evade la necesidad de adentrarse en el misterio de una carta de una forma abierta, receptiva y humilde, porque implica, ciertamente, reconocer que antes de una lectura uno ha de colocarse en una posición de no saber, para poder establecer un diálogo en tiempo real con el lenguaje con el que la carta se va mostrando y descubriendo a sí misma.
En vez de esto, una gran parte de la astrología (es decir, de los astrólogos), y no necesariamente la mas comercial y predictiva, la mas imbuida del virus del psicologismo, va en busca de comunes denominadores para significar lo que a priori está buscando, con la esperanza de que en todos los casos, o en la mayoría de ellos, se cumpla esa ley.  Habiéndolos encontrado, al astrólogo no le queda mas que rebozarse en una callada auto-complacencia que elude cualquier auto-crítica, y por tanto, cualquier posibilidad de crecimiento y aprendizaje en cada lectura.
Mas allá del absurdo de querer reducir la profundidad de la matriz zodiacal a la función diferenciadora de un Sol en Piscis, o la función afectivizadora de una Luna en Virgo, se querrá encontrar las pruebas astrológicas de que esa ley se cumple, ya sea la de la necesidad de un Neptuno fuerte para justificar la tendencia al alcoholismo, o una conjunción Luna-Marte para explicar la dificultad de exteriorizar la función afectiva de una forma no agresiva, o cualquier conflicto con la madre.
Sin negar que ciertos patrones de configuración parecen confirmar algunas tendencias y que estás parecen repetirse en algunas matrices zodiacales, la profundidad de cualquier matriz es tal, que sólo podremos llegar a estas conclusiones aislando y separando ciertos significados de otros, poniendo arbitrariamente nuestra atención en unos aspectos mas que en otros de la carta. Esta arbitrariedad se encuentra magnetizada por una necesidad de homogenización que le hace un muy flaco favor a la astrología. Que un astrólogo deje que su atención se polarice por cualquier configuración planetaria de la carta en sacrificio de otras,  en vez de preguntarse, desde una actitud verdaderamente mayéutica, cual puede ser la relación y la función de ese stelium en relación a todas las demás dimensiones de expresión de la matriz en esa matriz zodiacal determinada, es un acto que delata que está proyectando sus propias expectativas sobre la carta.
Así, el astrólogo, sin darse apenas cuenta, deja de estar abierto para convertirse en un cazador en busca de presa. No importa si lo que busca lo encuentra en la carta natal. Si no lo hace,  buscará en los tránsitos, en  las revoluciones y si es necesario, en la carta progresada, sabiendo que el lenguaje de la astrología es tal, que dificilmente no encuentre algún elemento en el que polarizar su lectura y que le confirme lo que ya busca de antemamo.
Esta polarización causada por la búsqueda de un criterio homogeneizante es lo que hace que la astrología no haga sino caer una y otra vez en criterios cada vez más arbitrarios, en los que unos dirán que te diste a la bebida por tu Neptuno en Sagitario  en cuadratura con el Sol en Piscis, mientras otros vean que tu problema esta en que cuando empezaste a beber,  tu luna progresada estaba en oposición con el tránsito de Urano sobre tu Plutón natal, que a su vez estaba en cuadratura con Júpiter en Cáncer, o vete a saber tú. 
De este modo, la sacralidad, la belleza, y la gravedad del hacer astrológico se pierde, se diluye en manos de una inmensa pereza y el hábito de no ser capaces de dejar atrás la tendencia de reducir la complejidad de todo hecho astrológico,  que se manifiesta en la profundidad de la matriz zodiacal,  al ámbito del psicologismo, del arquetipismo, o de cualquier -ismo del que sufren los astrólogos que aun no han descubierto que para levantar una carta adecuadamente uno no debe saber nada y mantener cierta actitud auto-crítica hacia las propias tendencias arbitrarias. 
No es que el astrólogo que vive de levantar carta tras carta no sepa nada, o haya ganado cierta experiencia en detectar sincronicidades en distintas matrices, sino que a la hora de levantar debería olvidar lo que sabe para que lo que es se le revele, en el propio lenguaje de la carta, entendiendo que la sabiduría no le pertenece a nadie mas que al Zodiaco mismo y a la Realidad que se expresa a través de su configuración mandálica.

Carutti sobre el Ascendente




"Ahora bien, la energía zodiacal que asciende, "entra" en  la existencia como núcleo de una casa y, por ello, su relación con el psiquismo comparte los principios que hacen al Sistema de Casas.
Al ser una energía zodiacal que se manifiesta a través del espacio de las casas, como cualquier otra área de experiencia, está diciendo que el centro del mandala irradia allí una energía de un determinado signo que voy a experimentar, en principio, como externa a mí.(....)
Podemos deducir, por analogía con Aries-tomando al Zodiaco como matriz de significación de las casas- que consiste en una irradiación amorfa de energía que se manifiesta en la totalidad de la existencia, que no tiene especificidad y que, en ese sentido, da color a toda mi vida. No se trata de la focalización de una energía en una experiencia tipo, sino que aparece en todas ellas, dándoles un matiz muy particular. (...)
Al mismo tiempo, no se trata de una cualidad que se manifiesta  desde una interioridad para ser expresada, con sensación y conciencia de expresión; o con registro de algo-que es interior- que se está expresando en el exterior. Eso sería el Sol o eventualmente la casa V. Dentro del proceso, para que yo tenga conciencia de expresión de una energía, tengo que estár ya más adelante en la lógica del mandala, tiene que haberse desarrollado conciencia de proceso. Y esto es propio de las fases siguientes, no de la primera.
En Aries, fase I- esto es, en el Ascendente,- la energía se libera y crea campos energéticos; sucede, es algo ciego, que no implica autoconciencia. Un movimiento simbólicamente ariano, por lo tanto, es pura exteriorización. Es acto puro sin autoconciencia previa. Por eso, no es expresión ni identificación, aunque pueda ser visible para los demás que yo la irradio.
Sin embargo, como esta energía la irradio espontáneamente-y esto es un principio ariano- no la puedo reconocer en mí. La viviré como exterior, de manera que "afuera" sucederán constantemente situaciones ligadas a la energía del signo ascendente y también aparecerán personas con características de ese signo.(...)
Mi vida es experimentar el signo ascendente, hasta que en un determinado momento me identifico con él y me doy cuenta de que soy yo quien lo expresa.  Si llego a este punto, la energía Ascendente estará para mí  en el mismo nivel de autoconciencia que la del Sol; la única diferencia  es que se nace expresando la energía del sol y no aprendiendo a hacerlo; se aprende de sus consecuencias. 
La energía del ascendente implicará, de esta manera, un viaje de la conciencia por ella. un aprendizaje.(...)
Pero como dijimos, mientras se genera el campo energético correspondiente al Ascendente, se manifiesta por otro lado la energía con la que construyo identidad, básicamente el Sol, y aquella que fue fuertemente afectivizada: la Luna. Pero la energía del Ascendente estará mucho mas lejana, desde el punto de vista psíquico, porque no hace a la afectivización o al reconocimiento de sí. Es energía zodiacal pura, que no está mediada por ninguna función planetaria.
Por eso- en una clara diferenciación con el Sol- veremos que el Ascendente necesariamente, tiene que generar destino. O sea, tienen que sucederme cosas para que yo descubra que soy eso. De lo contrario, como es una energía en sí misma tan lejana a la autoconciencia, no me enteraré jamás que me pertenece o lo haré de forma muy parcial.(....)

La identificación con toda energía exteriorizada será más fácil si resuenan interiormente. Y los símbolos de más rápida resonancia interior son, como dijimos, los planetas, no los signos. Los planetas son inmediatamente asociables a funciones psíquicas, pero los signos no. (...) Los planetas- y este término incluye astrológicamente al Sol y a la Luna- son focalizadores que permiten metabolizar psíquicamente las energías zodiacales. Por ello, las energías que el hombre reconoce más facilmente como propias son las que están ligadas a los planetas que podemos llamar personales (...)
Demos ahora otra vuelta en la espiral: el Ascendente tendrá como cualidad específica ser la via de entrada para la energía zodiacal pura. O sea, la energía que no viene modulada por ningún planeta ni localizada en un área de experiencia determinada, sino situada en un nivel de conexión con el Zodiaco en sí mismo, sin focalizacion psíquica o experiencial.
Eso tiene un significado muy profundo, ya que el Zodiaco tiene que ver con la totalidad. Por lo tanto, el Ascendente es la vía mas clara a una experiencia de Totalidad. Es, en sí mismo, la entrada más directa posible para la psique, de cierta energía que no esta mezclada ni diluída por nada personalizado. Todo esto nos permite comprender cierta matriz lógica de destino. (...)
El Ascendente nos lleva a una vibración de la carta natal en el que yo estoy experimentando los signos en si mismos, no a través de las funciones psicológicas planetarias, ni de áreas de experiencia acotadas, sino a través de la experiencia global.(....)
El Ascendente es una puerta de entrada de la conciencia y de salida de la energía. La conciencia entra por el Ascendente para comprender la lógica del mandala, y la energía sale por el Ascendente en el sentido de que se expresa y establece los patrones de "mi" vida. Es decir, un signo Ascendente encierra en sí mismo un arquetipo o matriz. Para comprender cada signo ascendiendo, uno debe comprender la lógica arquetípica de ese signo. Por ejemplo, si asciende Sagitario, entonces materializo capricornianamente, me vinculo acuarianamente, mi base de identidad es pisciana, me expreso arianamente,  y asi sucesivamente...La rueda gira con cierta lógica de sucesion de casas; de esta manera hay una naturaleza intrínseca en el hecho de tener el ascendente en Aries y la casa VIII en Escorpio.
Hay, en definitiva, una coherencia profunda en la matriz zodiacal. Entonces, profundizar la energía del Ascendente nos lleva a develar los secretos de nuestra estructura más profunda, los que generan la trama de la experiencia a vivir, antes de que se haga conciencia y se sintetice en cualidad. 
Gran parte de nuestros problemas provienen de no darnos cuenta de que poseemos una estructura profunda. 
En definitiva, uno empieza el viaje, pero este implica no solo el viaje por la energía ascendente, sino el viaje por todo el mandala. El secreto de mi energía es que, en realidad, yo me voy a dar cuenta a través del Ascendente -más fácilmente que incluso, a través del Sol- que si no comprendo el signo opuesto -casa VII- entonces no puedo expresar fluidamente mi energía; que si no comprendo el signo que precede - casa XII- tampoco puedo expresar con facilidad mi energía, etc, etc. Y cuando digo comprendo no me refiero a un modo analítico y verbal, sino al hecho comprobado de que, si la expresión de mi energía ascendente se hace fluída, tambien se hacen fluídas las energías de todas las casas.(....)
Entonces, para investigar Ascendentes, para tratar de deducir y comprender cómo se manifiesta el Ascendente, podemos tomar la ecuación que vimos antes: Energía= Conciencia de si + Destino.
Es decir, mi campo energético es lo que yo conozco de mí mas lo que desconozco de mí.
Ahora, en la zona del Ascendente uno arranca con un conocimiento de sí igual a cero, y por eso, el Ascendente es todo destino. Es decir, explicar Ascendentes es, en principio, comprender un destino que está asociado a cierta energía ascendiendo.(...)
Del mecanismo lunar debo aprender que ya está, del Sol tengo que aprender cuales son sus consecuencias; pero el Ascendente tengo que aprenderlo desde lo nuevo, y por eso, es todo destino.(...)
Nuestro trabajo es entonces un entrenamiento para percibir destinos y su transformación en el aprendizaje de la conciencia, ni una explicación de determinadas características zodiacales".


Extracto de Ascendentes en Astrología, de Eugenio Carutti

martes, 21 de abril de 2015

Carutti sobre la matriz Zodiacal



Andy Ostin, 2008.

"Desde el Zodiaco, nosotros sabemos que la energía se manifiesta en una serie de fases que implican formas discernibles. Estas son vehiculos- por no decir encarnaciones- de un proceso único, y por lo tanto, están intrínsecamente ligadas unas a otras. Por eso me interesa que seamos capaces de ver en el Zodiaco como un patrón energético global, y poder comprender cada uno de sus espacios/fases -aquello que llamamos signos- como mutuamente implicados, como en todo mandala.
El segundo punto relevante es poder tener presente en la conciencia que la matriz zodiacal es creadora -o si se quiere ser más cauto, significadora- de diferentes niveles de realidad. (....)
En este sentido, tenemos que hacer un esfuerzo en nuestra época, un tanto resistente a los viejos sistemas de correspondencias, para no reducir la astrología al mundo del psiquismo. Lo humano es solo un nivel particular de manifestación- o significación- astrológica.
El Zodiaco es un sistema vibratorio - por usar una metáfora energética-  en el cual cada una de sus zonas, como si fueran los trastes de una guitarra circular, vibra de una manera específica. Al vibrar, cada uno en su nota, materializa formas ligadas a esa cualidad particular. Dentro de estas, la forma humana y sus características psicológicas inherentes, el modo como toma conciencia el hombre, es solo un caso más. Cáncer, por ejemplo, es una matriz significadora -o proporción  creadora, según como queramos mirarlo, de cuevas, úteros, huevos, casas o personas maternales. Escorpio lo es para venenos, pantanos, excreciones, psiquiatras o todo tipo de curadores. Y asi....
Empequeñecer la astrología a lo humano, es, a mi juicio, una tendencia muy peligrosa que creo surge de querer eludir, en forma inconsciente, el misterio del entramado cósmico que la astrología nos propone. (....)
El Zodiaco es una estructura "sincrónica" y al mismo tiempo, secuencial. Sintéticamente, es una estructura implícita en su misma manifestación. Aparece secuencialmente, pero está implícita estructuralmente. En realidad, hay una secuencia lógica entre un signo y otro, pero al mismo tiempo, una coherencia sincronística. (....)
Dado un cierto comienzo, está implícita una cierta estructura, que será llenada progresiva y secuencialmente. Eventualmente, hasta podría no llenarse en su totalidad. Hacerlo es una cuestión de tiempo y condiciones. Este es un  concepto esencial en astrología: que algo pueda no llenarse en un tiempo dado, pero que está latente para hacerlo, si aparecen las condiciones de contexto..."

Extracto de Ascendentes en Astrología, de Eugenio Carutti

Carutti sobre la correspondencia entre el campo energético, la polarización y el psiquismo (2a parte)




Toltecayotl, pintura de Juan Rios (Ce Acatl) en su serie dedicada a Don Juan


"(....) Cuanto más se estabiliza la estructura en una cierta identidad, tanto más el resto del campo energético reitera la vibración excluída que, entonces, aparece como destino recurrente. Eso sucede así porque esa energía- que es demasiado potente y oscura para la conciencia inmadura- tiene que estar en mi mundo. El mandala, justamente, nos da la posibilidad de resignificar ese vínculo recurrente, ese destino.
Es decir, cuanto más polarizado estoy, más presencia masiva  necesito, a través de otros, de la energía que yo excluyo. Esta es la  homeostasis del sistema. Lo que aun no está recorrido e integrado en mí, tiene que estar afectándome fuera de mí.
La ecuación que necesitamos involucra identificación y rechazo (destino). De acuerdo con esa identificación, uno puede conocer su destino, no porque uno sepa el destino de esa persona- en el sentido de que esté escrito en algún lado- sino porque la estructura de ese campo energético se ordenará de esa manera, inevitablemente.(....)
Lo que estoy diciendo, en otro lenguaje, es que durante todo el despliegue de una vida,-desde el bebé, pasando por el adulto, y llegando al final- está presente una vibración, lo que es, lo que soy. Eso está presente, eso vive, eso vibra, eso genera, y en eso- por tanto- yo voy creciendo y decreciendo. Que capacidad de apertura tiene ese cuerpo a esa matriz vibratoria, es toda la cuestión.
Lo que crece identificado -el yo, la personalidad, lo que yo creo ser- puede estar rechazando sistemáticamente lo que profunda e íntimamente soy, eso que siempre está. Pero también puede ir abriéndose y tomando contacto y dejándose abrir, porque eso siempre está. A esta presencia pueden llamarla como quieran. Lo cierto es que hay una presencia energética, hay algo que está presente desde el principio y que, de alguna manera, es recurrente e integrado. Y hay algo a lo que llamo yo,  que va creciendo y desarrollándose dentro de ese campo energético, pero al mismo tiempo va cerrándose a ese campo. Es decir, habrá una pulsación que surge  de ese cerrarse para estabilizar, y abrirse para incorporar. Hay un ritmo, un pulso, hasta que -eventualmente- el cuerpo en sus vínculos pueda expresar lo que la energía es. (....)
Podemos establecer una ecuación: la energía real (Si Mismo vincular) es la autoconciencia (identificación), más lo que se vive como destino. En este sentido, si yo comprendo con qué aspectos y niveles de la carta natal se ha producido la identificación de la conciencia, se me aparece de inmediato la dirección del destino de una persona: es decir, la trama de experiencias que permiten la reabsorción de lo excluído, que retorna cíclicamente.(....)
El tema básico aquí es advertir el miedo del sí-mismo psicológico al Si-Mismo energético. Tenemos que llegar a percibir que, de una manera u otra, todos estamos asustados de nosotros mismos. 
Liberar nuestra energía nos aterroriza, porque es de un volumen y de una intensidad que, desde el principio, hubo que contraer. Así es como nosotros- por hábito- no liberamos lo que somos, sino que contraemos lo que somos. En el mismo momento en el que uno libera un poco de uno mismo, el otro polo se asusta y comienza a homogeneizar, y esto no lo hacemos individualmente sino colectivamente. La sustancia de la Tierra es una trama vincular que hace esto, y sobre esta sustancia polarizada se constela el Cielo".


Extracto de Ascendentes en Astrología, de Eugenio Carutti.

lunes, 20 de abril de 2015

Carutti sobre la carta como espacio sagrado



Via Lactea desde Alaska, por Jacob W. Frank

"Todo lo que hacemos en una carta natal es movernos en un mandala, en un campo que tiene estas leyes, además de otras que iremos viendo en su momento. Entre otras cosas, un mandala delimita un espacio sagrado. Dentro del mandala está lo sagrado, aquello que trasciende e incluye el estado fragamentario de la conciencia. 
Por esto, una carta debe ser hecha mirándola desde adentro, y no desde afuera, no "espiando" lo sagrado desde el exterior. Esto quiere decir, tomar conciencia de los condicionamientos del pensamiento verbal, externo al espacio mandálico, que violenta el estado de conciencia que el mandala simboliza. 
Hay dos niveles de conciencia en juego. En uno de ellos, el pensamiento verbal del lenguaje cotidiano intenta dominar el mandala, reduciéndolo a sus interpretaciones. En el otro, se entrega a su lógica, aquietándose sin interferir, dejando que se active el estado de conciencia  que aquí llamamos mandálico. 
Es preciso desarrollar esta sensación.: cuando hablamos de "hacer una carta natal, estamos dentro del universo de la astrología, estamos dentro de un espacio sagrado. Esto significa que está expresándose el misterio de una totalidad que se diferencia y no el drama de lo separado que pugna por relacionarse.
El mandala es un símbolo para que la conciencia aprenda a pasar de un estado a otro, dado que la conciencia tiende a hechizarse con los fragmentos aislados, separados, y se deja absorber por ellos. La potencia del mandala impide que algún fragmento absorba a la mente. En el centro, puesto que está todo en cuanto a energía, no hay nada en tanto forma.
Entonces, la primera reflexión que vamos a hacer en relación a una carta natal es que, si nosotros vemos distribuidos en ella a los distintos planetas, nuestra inercia nos llevará a pensar que la identidad de una persona está en punto de la periferia... (o sea, en el sol....).
Lo que la persona "es" en tanto totalidad, no está en ningún punto de la periferia, sino que está en la totalidad de la misma, es decir,en todos los planetas, signos, casas y aspectos organizados de cierta manera. O- lo que es lo mismo- en el centro.
Entonces, el ser de una persona está en el centro del mandala o en la totalidad de la periferia. 
Sin embargo, los seres humanos tendemos a hacer identidad en un fragmento de la totalidad, en un cuerpo particular de la carta natal, básicamente en las características del signos solar, o en la luna o en algún otro planeta o conjunto de planetas.  Y decimos que los restantes representan al padre, la madre, los hermanos, la pareja, los acontecimientos externos, etc...
Sin embargo, nosotros sabemos que cada cuerpo es un significador simultáneamente, de personas y hechos externos y de dimensiones internas. Cada cuerpo expresa un aspecto de mi vínculo estructural entre lo que llamamos interior y exterior. Pero en términos astrológicos, esta separación es propia de una exclusión y de la primacía de la forma-momento canceriano del Zodiaco o de encarnación- , dicho en términos tradicionales.  Precisamente el mandala como símbolo tiene como sentido expresar aquello que nuestra conciencia, identificada con la forma y el tiempo (Cáncer-Capricornio) no puede hacer: la relación sincrónica energía-forma".


Extracto sacado de Ascendentes en Astrología, de Eugenio Carutti.

Carutti sobre el mandala astrológico

Representación en 3D de la Vía Láctea- Autor no especificado

"(....) Lo que está en el centro es exactamente lo mismo que lo que está en la periferia, solo que en otro estado. Un mandala implica el despliegue de un centro en una periferia y, a la vez, implica la disolución de la periferia en un centro. Las dos cosas son lo mismo: o sea, algo se desplega desde el centro amorfo y toma cierta forma en la periferia. Aquello que en el centro está implicado, en la periferia está desplegado, 
En la periferia, el centro se encuentra en estado de forma; en consecuencia, son múltiples las formas necesarias para dar cuenta de la energía, porque la energía, lo ilimitado, no cabe en una sola forma, siendo esta excluyente por definición. La forma siempre deja afuera algo de la totalidad, que deberá manifestarse de formas complementarias. En cambio, el centro en sí mismo contiene toda la energía y, potencialmentre, todas las formas pueden encarnar en esa energía. Así, el mandala se va mostrando en distintos niveles de definición. La periferia es el nivel mas estable, el centro el nivel mas vivo. 
Entonces, esta es la primera relación entre el centro y la periferia: en el centro está la totalidad, y, desplegada en la periferia, está esa misma totalidad, en cuanto multiplicidad.
(....) La representación es evidentemente estática, pero lo simbolizado es treméndamente dinámico. En todo mandala está sucediendo la manifestación y la consumación, al mismo tiempo, simultáneamente. Pero desde luego, hay que comprenderlo a través de sus leyes de representación. 
(....) Una de las consecuencias de este doble movimiento - en el cual el centro se manifiesta en la periferia y a la vez esta se integra, se disuelve, se consuma en el centro- es que cualquier movimiento en una dirección, automáticamente tiene que estar compensado por el movimiento en la dirección contraria. O sea que, si aparece una forma en algún punto de la periferia, tendrá que existir otra forma en el punto opuesto de la misma, que compense a la primera.  Es decir, todo lo que aparece en la periferia del manda tiene que estar representado,-u organizado- de forma bipolar.
Es decir, para que esto sea un mandala, en el mismo momento en que se manifiesta algo en la periferia,  tienen que manifestarse todos los puntos complementarios, manteniendo así el equilibrio de la totalidad en la representación. No hay, en el mandala, posibilidad de una dirección autónoma, unilateral, independiente de las demás.
(....) Asi como la periferia es una manifestación del centro, el centro es una desaparición de la periferia. La coherencia con lo mandálico es que no podemos elegir una de estas dos direcciones. No tiene sentido decir que es una u otra, tener preferencia hacia una o hacia otra. Estas dos direcciones pueden ser reunidas en una imagen de fluir constante, de modo que podemos decir que el mandala pulsa.
(....) En la periferia tenemos entonces una multiplicidad que - podríamos decir- está generada por ese vórtice centra. En el centro, o cerca de él, el movimiento es muy ràpido, tanto, que no permite que nada se estabilice, o sea, que tome forma. Cuanto mas lejanía de él, mas estabilización. Entonces, cuanto más lejos del vórtice central, más quietas se quedan las cosas y mas estables permanecen en su definción. Por eso, en esa periferia aparece lo separado, la multiplicidad. 
(....) Todo mandala alude al principio básico de conservación de la energía. Otro símbolo de lógica típicamente mandálica es la serpiente que se muerde la cola, que se va devorando a sí misma hasta que desaparece. Cuando se devoró totalmente, reaparece. Siempre está muriendo, siempre está renaciendo..."


Extracto sacado de Ascendentes en Astrología, de Eugenio Carutti.